sábado, 26 de mayo de 2012

LA CASA DE MI ABUELO


La casa de mi abuelo ya no existe, solo permanece en mis recuerdos. La entrada, con una gran puerta de madera, siempre abierta, dejaba ver la mampara con grandes cristales esmerilados, con extrañas aves de patas largas sumergidas en un charco de agua, del que emergían gráciles plantas de helechos.

En mi imaginación de pequeña, era como entrar a una casa de cuentos; observaba largo rato esas imágenes, que según mi idea, estaban preparándose para volar ¡yo las veía volar!

Viví en esa casa en mi niñez con mis abuelos, padres, tías, tíos, tías abuelas, hermano, primos, más un sin número de empleados, que trabajaban en la empresa del Tata. Nunca sentí soledad en ese inmenso caserón, rodeada de personas cariñosas muy preocupadas de todos los niños, que allí habitábamos.  
Abuelo.

La casa, edificada en 1910, era espaciosa, contaba con varios dormitorios, corredores, patios, más otras dependencias; la típica construcción de esa época. Ubicada en Grajales, entre Avenida España y Abate Molina, en la ciudad de Santiago, Chile. Recuerdo la calle, las veredas anchas, con árboles que daban  sombra fresca en el verano, para jugar y correr. 

 Muchos años de mi vida han trascurrido, pero aún evoco el lugar donde crecí. El salón con cómodos sillones, alfombras, espejos, mesas, sillas y un cuadro de grandes dimensiones, en el que figuraban ninfas bañándose en un pequeño estanque; este aposento era ocupado solo por los adultos, y por ende, absolutamente prohibido para los niños; únicamente. lo podía mirar furtivamente, pero no faltaba la ocasión que, en un descuido de los mayores, lograba entrar y hurgar a mi antojo. ! Era una aventura deliciosamente emocionante !.

En el dormitorio de los abuelos había un imponente ropero, que usaba con mis primos y hermano como escondrijo, con el consiguiente enojo de la abuela por el desorden que allí dejábamos. Allí, también estaban las altas camas, a las que con dificultad me encaramaba en las mañanas, buscando la ternura y caricias de los abuelos. 

El patio interior techado, rodeado de una galería de madera con pequeños vidrios enmarcados, donde crecían  palmeras y maceteros con flores, que la abuela regaba cuidadosamente, siempre entonando entre dientes, una melodía inventada. Fue una costumbre que mantuvo toda su existencia.

En el gran patio de tierra, engalanado por alrededor con blancas calas, matas de albahaca, perejil, romero, menta, más otras hierbas; estaba allí, el "Columpio" colgando de una viga del frondoso parrón ¡Era mi mejor entretención.! En el, me sentía volar, mientras más altura alcanzaba, más rápido latía mi corazón, provocandome alegres risotadas.

La cocina espaciosa, impregnada con el aroma de los aliños, donde la cocinera, algo gruñona, preparaba las comidas para un gentío. ¡Tantos recuerdos!. Cuando hoy siento esos olores, revivo la infancia.

Rememoro un hecho muy especial, jugando en un pasillo de la casa, algo extraño llamó mi atención; era un árbol adornado con infinidad de bolitas, envueltas cada una, en papel multicolor, simulando racimos de uvas; al admirar ese conjunto tan llamativo, mi curiosidad se hizo extremadamente "intensa", tanto que me produjo un sobresalto; en ese momento, intuí por primera vez en mis cortos años, "mí presencia, es decir, la conciencia de mí misma",  Un descubrimiento absolutamente mágico, muy difícil de explicar. Creo, que partir de ese instante comencé a ver mí entorno con los ojos de la mente. 
 ¿Qué edad tenía, cinco años ?.

Días después, mi madre me explicó que aquello que tanto llamó mi atención, (ella, nunca lo supo)  era el "árbol de navidad," y  pronto vendría el niño Jesús, a dejar unos obsequios, a todos los  niños.  
Es el primer recuerdo que tengo de esta festividad, también de una canción, que mi madre alegremente tatareaba, mientras nos acostaba, ya para dormir, esa melodía era “Noche de paz”. Siendo ahora, una mujer adulta, con múltiples experiencia vividas, al escuchar esa música,  todo revive en mi corazón y lo atesoro como el mejor regalo de mí niñez.

Mi madre, falleció dieciocho meses después. "Este suceso tan triste", dividió mi vida, en un "antes y un después". Tengo instantes hermosos vividos con ella, guardados en mí corazón, que me han permitido, "no olvidarla, jamás."


Autora: Ana Cristina Castro Delaunoy.
26 de Mayo de 2012
Santiago, Chile
Puerta entrada de la casa del abuelo, mis padres,


5 comentarios:

  1. La evocación implica realidad, seguimos viviendo simultáneamente allá y acá, aunque de una manera distinta.
    Hermoso escrito.

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    1. Gracias Lorena, por tus elogios, me estimulas a escribir mucho más, Cristy

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